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La red Alliance2015 conformada en el Perú por la Fundación Ayuda en Acción, HELVETAS Swiss Intercooperation y Welthungerhilfe, presentó el Índice Global del Hambre 2025 (GHI por sus siglas en inglés), el cual revela un diagnóstico alarmante para el Perú.
Con un puntaje de 18.8, el país ha retrocedido a niveles similares a los registrados a inicios de la década pasada. Este deterioro responde a una combinación de factores, entre ellos las fuertes presiones inflacionarias de 2022, la recesión económica de 2023 y la persistente inestabilidad política, social y ambiental de los últimos años. Todo ello ha derivado en una crisis no solo económica y social, sino también alimentaria.
Al cierre de 2024, ocho departamentos —principalmente de la sierra— se encuentran en situación grave de hambre: Pasco, Huancavelica, Loreto, Arequipa, La Libertad, Cajamarca, Puno y Huánuco. Asimismo, 16 departamentos presentan niveles moderados, mientras que solo Ica registra un nivel bajo de hambre.
No obstante, regiones como San Martín, Madre de Dios, Moquegua, Lima, Junín, Tacna, Tumbes, La Libertad, Arequipa, Loreto y la Provincia Constitucional del Callao han perdido más de una década de avances en la lucha contra el hambre.
En cuanto a la diferencia entre áreas urbanas y rurales, ambas aún no recuperan los niveles previos a la pandemia. Si bien la brecha entre ellas se ha reducido, esto no refleja una mejora generalizada. En zonas urbanas, el índice pasó de 18.9 en 2023 a 18.0 en 2024, mostrando una leve mejora. Sin embargo, en áreas rurales los niveles permanecen elevados y prácticamente estancados (20.8 en 2023 frente a 20.7 en 2024), manteniéndose en situación grave y sin señales claras de recuperación.
“En 2019, Huancavelica era el único departamento en estado grave; hoy, cerca de un tercio del país se encuentra en esta situación. Lamentablemente, hemos retrocedido. Las crisis alimentarias, tanto a nivel nacional como internacional, sumadas a debilidades en las políticas públicas y al contexto económico e institucional de los últimos años, han generado un estancamiento desde 2010”, sostuvo Lucas Dourojeanni, Representante de Welthungerhilfe para Perú y Bolivia, y vocero de la red Alliance2015.
A nivel regional, la zona costera —tradicionalmente asociada a mayor dinamismo económico y mejores políticas públicas— ha registrado un deterioro en sus indicadores, alcanzando niveles similares a los de la sierra y la selva. Desde 2020, Lima Metropolitana presenta incluso un índice de hambre superior al de la selva y otros territorios costeros.
El incremento en los precios de los alimentos, la volatilidad de los combustibles y la mayor incidencia de fenómenos climáticos han afectado los avances logrados en la reducción del hambre, especialmente en zonas urbanas y costeras, donde el acceso a los alimentos depende principalmente de los ingresos monetarios.
Al cierre de 2024, el grupo más afectado por la incidencia del hambre son los varones, debido principalmente a los indicadores críticos de desnutrición infantil masculina: 12.6% en desnutrición crónica, 0.77% en desnutrición aguda y 1.4% en mortalidad.
Las causas estructurales de la crisis alimentaria en el Perú
El informe advierte que el hambre en el Perú no se debe a la falta de alimentos, sino a problemas estructurales de pobreza, exclusión y acceso. A pesar de una producción suficiente, persisten fallas en la distribución y en las condiciones para una alimentación adecuada.
Asimismo, alerta sobre la crítica situación de la agricultura familiar, que enfrenta abandono, envejecimiento y migración de jóvenes, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria futura. Además, la malnutrición y la anemia siguen siendo una emergencia nacional, con impactos severos en el desarrollo infantil, especialmente en regiones como Puno.
Durante periodos de crisis, las organizaciones comunitarias y el sector privado han mostrado capacidad de respuesta, pero el desafío sigue siendo articular estas iniciativas con políticas públicas que promuevan un desarrollo sostenible.
“Los datos del GHI Perú revelan además una nueva tendencia: el hambre ya no es únicamente un problema rural, sino también urbano y concentrado en la capital, como lo evidencian los preocupantes indicadores de Lima Metropolitana y el Callao. Frente a este escenario, es fundamental que el Gobierno cuente con información más precisa sobre qué grupos se ven afectados, dónde se encuentran y cuáles son las causas de su situación, a fin de diseñar e implementar respuestas específicas en las zonas identificadas”, agregó, Richard Haep, director de Helvetas Perú y vocero de la red Alliance2015.
Expectativas 2025
Durante 2024, la economía peruana inició un proceso de recuperación, con un crecimiento aproximado de 3.3%, tendencia que se mantendría relativamente estable en 2025. Sin embargo, esta estabilidad no sería suficiente para revertir los problemas sociales y alimentarios que enfrenta el país.
En este contexto, la red Alliance2015 ha proyectado tres escenarios de impacto (leve, moderado y severo) de la coyuntura económica sobre el GHI a nivel nacional y subnacional. En caso se mantenga estable la economía, no será suficiente para revertir la crisis alimentaria que enfrenta el país. En un escenario pesimista (impacto severo), el GHI pasaría de 18.8 (2024) a 18.7 puntos, en un escenario moderado a 18.6 y optimista a 18.4. En todos los casos, el nivel de hambre en 2025 se mantendría entre los más altos desde 2010 (18.8).
“Los desafíos en seguridad alimentaria requieren respuestas integrales y sostenidas en el tiempo. Este es un momento clave para fortalecer políticas públicas que permitan consolidar la recuperación y sentar las bases de un desarrollo sostenible. Para ello, será fundamental avanzar en un trabajo articulado entre el Estado, el sector privado, la sociedad civil y las comunidades.”, Isabel Cajías, directora de Ayuda en Acción para Perú y Bolivia y vocera de la red Alliance2015.


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