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El sector suma más de 400,000 empleadas, donde el 40% son jefas de hogar. Pese al marco legal, solo 1 de cada 20 cuenta con un contrato escrito, afectando la cadena de protección social.
El mercado laboral doméstico en el Perú se mantiene como uno de los núcleos más rígidos para la formalización. A puertas del Día del Trabajo, las cifras revelan que la Ley N.º 31047 no ha logrado revertir una estructura donde la precariedad es la norma: más del 95% de las trabajadoras del hogar continúa en situación de informalidad.
Este universo, compuesto por más de 400,000 personas —de las cuales el 95% son mujeres—, enfrenta barreras críticas para acceder a la seguridad social. Según el análisis de los indicadores de contratación, la brecha de formalidad es profunda: solo 1 de cada 20 trabajadoras cuenta con un contrato escrito, documento matriz para la exigibilidad de derechos.
Impacto en la economía familiar
La precariedad en este sector no solo afecta al individuo, sino que genera un efecto dominó en el consumo y la estabilidad de los hogares de menores ingresos. Dado que más del 40% de estas trabajadoras son jefas de hogar, la ausencia de beneficios impacta directamente en la resiliencia financiera de miles de familias.
Según la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), la desprotección se refleja en niveles de cobertura mínimos:
El factor de la «corresponsabilidad»
Rocío Valencia, vocera de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), señala que el desafío es trasladar la obligatoriedad legal a la práctica cotidiana en los hogares. Un punto crítico es que el 70% de los empleadores aún no internaliza la norma como aplicable a su entorno privado, a pesar de que el trabajo doméstico facilita la participación laboral de otros segmentos de la población.
«La precariedad laboral en el hogar impacta directamente en la economía familiar y reduce la autonomía para tomar decisiones financieras o salir de entornos de violencia», advierte Valencia.
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